jueves, 14 de abril de 2016

Padres / Profesores

hijos?

  • Padres y maestros dan por supuesto que tienen un objetivo común, pero sus encuentros no suelen ser tan positivos como sería deseable
¿Cómo hablar con los maestros de mis hijos?
Los profesores deben saber escuchar las inquietudes de los padres, que son quienes conviven a diario con los hijos (Rob Van Petten - Getty)
¿La relación escuela-familia es siempre una ayuda para el desarrollo de las criaturas? Se da por supuesto que padres y profesores persiguen un objetivo común: favorecer el desarrollo de los niños y niñas que se proponen educar. Pero está por ver qué tiene de común dicho objetivo y, lo que es todavía más complejo, de qué modo se proponen compartirlo.
Escuchando comentarios de padres y maestras llegamos a la conclusión de que en algunas ocasiones el resultado de sus encuentros no es tan positivo como ambos desearían. Parece que esto ocurre sobre todo cuando los resultados académicos no son muy positivos o cuando aparecen graves problemas relacionales o de conducta.
Como ocurre a menudo con los equipos de futbol, cuando los resultados no son buenos o no son los esperados, es cuando llueven los reproches. Así, oímos por ejemplo: “esa familia no tiene arreglo…” o “aunque intentes ayudarlos no están por la labor…” O, desde el otro lado, “solo me llaman para decirme lo que va mal...” o “para qué hablar, se meten en mi vida, pero yo sigo sin saber cómo actuar con mi hija…”.
No parece pues que baste con establecer relación. Resulta imprescindible que ambos protagonistas consigan algún nivel de complicidad, para que su encuentro haya merecido la pena. Y para ello se deberán dar dos condiciones: un reconocimiento mutuo de partida, y que a lo largo del encuentro ambos interlocutores vayan percibiendo que están obteniendo algún provecho.
Las preocupaciones comunes
Para que el supuesto saber del profesorado consiga ser reconocido, deberá ser identificado, visualizado y percibido por parte de los padres a través de la capacidad de escucha mostrada, de la oportunidad de sus comentarios, y del trato y relación que consiga establecer. Una orientación será mucho mejor atendida cuando dé respuesta a algo que inquieta a la persona asesorada, y no tanto a algo que, de momento, preocupa solamente al profesor.
El saber de los padres y madres no se da en general por supuesto, y a menudo se encuentra oculto, incluso para los propios progenitores. Tiene su origen en el conocimiento cotidiano de las criaturas, en el sinfín de momentos concretos en los que ha podido apreciar un cambio positivo o negativo en las reacciones de su hijo. Se trata de un saber distinto, pero con un valor indiscutible si se hace visible.
Alimentarse mutuamente
Uno y otro saber multiplican su efecto en el momento en que consiguen alimentarse mutuamente. La sugerencia de la maestra cobra mayor precisión, y también más sentido, cuando reposa en el relato que acaba de hacerle la madre sobre una acción de su hija.
Igualmente, las acciones de la criatura observadas por el padre o la madre adquieren nuevo sentido gracias a consideraciones que aporta el profesor, al contrastarlas con su experiencia en relación a otras criaturas. Unos y otros se necesitan para la construcción de nuevos significados y para inventar salidas renovadas a situaciones difíciles.
Una orientación será mucho mejor atendida cuando dé respuesta a algo que inquieta a la persona asesorada
Algunas formas de proceder lo facilitan: acompasar los tiempos de unos y otros. La espera y la escucha resultan en estos casos mucho más eficaces que la impaciencia o el recitado de cambios o tareas que es preciso abordar. Por otra parte, la presencia de los dos progenitores, cuando los haya, facilitará también la búsqueda realista de salidas.
No basta pues con establecer una relación, es necesario además que sea colaborativa. De otro modo la relación podría ser incluso negativa.

lunes, 4 de abril de 2016

622 373662

Podéis mandar vuestras dudas por wasap

Pregunta


Una pregunta incómoda

19/03/2016 | (2 comentarios)
 24 120meneame0
“¿Qué es más importante: aprender trigonometría o saber relacionarse con los demás?”
           (José Carlos Aranda. Autor de ‘Inteligencia natural’)

A veces, una pregunta sencilla es capaz de dinamitar toda la arquitectura sobre la que está edificada el mundo conocido. Toda la vida viviendo con la convicción de que la trigonometría es la columna vertebral del sistema educativo y, zas, llega este señor dándole la vuelta como a un calcetín. La pregunta es demoledora. Porque la respuesta es realmente inquietante. El caso es que usted puede tener un chiquillo que sea el Pitágoras del triángulo equilátero y un lerdo en inteligencia social.
A partir de ahí es donde el señor Aranda construye su teoría. Es más importante, sostiene el profesor, educar en la felicidad que en el conocimiento. Ahí es nada. Muchos de ustedes querrán correr a gorrazos al autor de “Inteligencia natural” en la creencia de que la suya es la teoría del hedonismo y el mínimo esfuerzo. Nada más lejos de la realidad, que diría un jipi en un viaje lisérgico. Para el señor Aranda, la felicidad no es que el niño haga lo que le salga de las narices. Es un estado mental de confianza y de autoestima, a partir de la certeza de que la vida es una sucesión de problemas que es preciso superar.
La del señor Aranda, por lo tanto, es una pregunta incómoda. Pero las preguntas incómodas son las que mueven el mundo. Las que cuestionan, por ejemplo, que los sistemas de evaluación educativa se centren solamente en la capacidad cognitiva del alumno y olviden que la inteligencia es mucho más que saber hacer una raíz cuadrada. Porque usted, argumenta el señor Aranda, puede vivir sin saber despejar una ecuación. Pero, ¿y sin saber cómo relacionarse con el mundo?

domingo, 3 de abril de 2016

Trastornos de la personalidad

http://www.linaresnevadopsicologos.com/es/tratamientos-bilbao/trastornos-de-la-personalidad_7.html?gclid=CKK-seWY8ssCFcZAGwodze0Iyw

Trastornos emocionales en niños

Trastornos emocionales en los niños ¿Cómo identificarlos?
En la consulta del médico de familia o de pediatría se encontrarán a menudo niños con trastornos emocionales que hemos de intentar identificarlos.
Es más difícil en niños menores de 6 años por la falta de comunicación, en niños mayores de 6 años el médico puede evaluar el estado emocional con mayor facilidad.
Hay que observar al niño y tratar de detectar los signos de ansiedad, hay que hablar con el niño sin la presencia de los padres, hay que intentar que el niño se quede en la consulta solo, se intentara al menos tres veces, la incapacidad de abandonar a los padres después de los seis años significa inmadurez o alteración emocional.
Hay que preguntar al niño si le pasa algo malo, si dice que es malo o que otros le tienen manía pídale que le explique algo más sobre ello. Valore su sucesión de pensamientos, si es lógica o no lo es.
Investigue si el niño está sometido a estrés por causas ajenas a él, en el ambiente familiar, en el colegio, etc. Hágale preguntas que le relaciones con los diferentes ambientes, escolares y familiares buscando indicios que relacionen su estado con este tipo de problemas. Pregúntele si hay algún problema en la familia, y valore su lógica. Intente establecer el tipo de relación con los padres y el resto de hermanos, e interrogue a los padres sobre los hábitos familiares y el tiempo que dedican a sus pequeños.
Si el niño duda en hablar de sí mismo pregúntele por su mejor amigo o por otras personas del entorno, al hacerlo probablemente hablara mas de si mismo que de su amigo.
Pregúntele que hará cuando sea mayor. La incapacidad para dar una respuesta indica inmadurez, probablemente está diciendo que quiere seguir siendo un bebe.
Sospeche tendencias esquizoides en un niño aislado, pasivo, que cuando se le pregunta ¿qué quiere ser de mayor?manifiesta ocupaciones que consideramos raras. Un niño que se muestra maduro y confiado, que quiere ser bombero como su tío probablemente tiene una buena identificación.
Para valorar su madurez psicosexual pregúntele al chico si sabe de dónde vienen los niños, si rehúsa contestar o da una respuesta poco realista a los 10 o 12 años sugiere inmadurez. Pregúnteles a los chicos si les gustan las chicas y al revés, pregúnteles después si piensan casarse.
Valorando las respuestas del niño a dichas preguntas podrá apreciar su agresividadsu madurez, su identificación y su desarrollo psicosexual.
Si el niño o la niña es inmaduro a simple vista y falla en una de las cuatro aéreas anteriores es necesario enviarlo al psiquiatra. Si los fallos del niño son ligeros probablemente se pueda aconsejar a sus padres mientras se sigue valorando a la familia.

Problemas / como enseñar a resolverlos

¿Cómo enseñar a nuestros hijos a resolver problemas?  

En muchas ocasiones, los padres olvidamos con mucha facilidad cómo aprendíamos cuando éramos niños.

Da igual que en la cocina de casa nos describieran la mejor técnica para ir en bicicleta o que nos sermonearan sobre cómo conseguir no hacer caso a los compañeros de clase cuando se metían con nosotros. Todo parecía muy sencillo en teoría, en la cocina de nuestra casa, pero otra cosa era cuando montábamos en la bicicleta en la calle o cuando nos teníamos que enfrentar a los insultos de nuestros amigos en el colegio.

Aprender a hacer lo correcto no es tan fácil como en ocasiones creemos. La teoría se la saben muy bien nuestros hijos pero la práctica ¡qué difícil es llevarla a cabo! A veces querer aprender no es suficiente para aprender.

¿Qué necesitan? Necesitan un poco más de apoyo de nuestra parte. Necesitan practicar, aprender a tomar decisiones y experimentar consecuencias.

Explicarles a nuestros hijos lo que deben y no deben hacer, cómo y cuando deben hacerlo es una parte del proceso de aprendizaje, pero insuficiente si no les enseñamos al mismo tiempo, a través de la práctica, a tomar decisiones y a solucionar problemas.

¿Qué podemos hacer para que nuestro hijo sepa elegir la mejor opción entre varias alternativas? ¿Cómo ayudarle a que se enfrente a los problemas con seguridad? ¿Cómo le podemos enseñar a plantearse diferentes soluciones ante una situación conflictiva?

Hay métodos que nos permiten ayudarles a conseguirlo, métodos muy sencillos y elementales que, inconscientemente, todos hemos utilizado a lo largo de nuestra vida. Vamos a repasarlos.

Simular situaciones reales

Imaginar cómo podría ser una opción hipotética y reproducirla en casa con nuestros hijos nos permite poner a prueba distintos enfoques sin necesidad de "estrellarnos" si algo sale mal. Se trata de practicar lo que nuestros hijos ya saben de manera intelectual pero que, por diferentes motivos, no saben o no pueden llevarlo a cabo.

Por ejemplo: Alex, 10 años. Tiene un compañero en clase que a menudo le quita su bolígrafo rojo y no se lo devuelve. Su madre/padre puede adoptar dos posiciones y decirle:

Incorrecto: "Te he dicho muchas veces lo que debes hacer. Deberías quitarle los suyos para que aprendiera la lección. La próxima vez le quitas el bolígrafo aunque esté escribiendo. ¡Es muy sencillo!"

Correcto: "Te molesta mucho que te quiten tus cosas y te da miedo recuperarlas y enfrentarte a tu compañero ¿verdad? Vamos a hacer una cosa: si te parece bien, vamos a practicar lo que podríamos hacer la próxima vez que te ocurra eso".

Ambos interpretan diferentes papeles. Al principio la madre es Pablo (el niño que le quita los bolígrafos). Le enseña cómo actuar y qué decir ante esa misma situación: "No lo cojas; lo necesito yo". También le enseña otras formas de decir "no" , ya que negarse es lo que más le cuesta a Alex: "Es mío, no lo cojas", "No te lo dejo; ya te he dejado otros bolígrafos y no me los has devuelto", "Lo siento pero no", "¡Cómprate uno! Yo también lo necesito", etc.

Luego cambian los papeles. Alex hace lo que su madre hizo anteriormente en la representación. Dice con voz clara y firme: "No los cojas. Son míos y los necesito"
Madre: "Muy bien Alex. Seguro que le quedará muy claro a Pablo".

A medida que practican, Alex se siente más seguro. Se da cuenta de que decir "No, lo siento" no es tan difícil como pensaba. De hecho, nunca se lo había dicho a su compañero por miedo, por lo que éste aprovechaba para actuar de la misma manera una y otra vez.

El hecho de imponer sus límites fue suficiente para cortar esta incómoda situación y devolver la confianza a Alex.

Empezar de nuevo

No os descubrimos nada nuevo con esta técnica pero os recordamos que es muy útil para corregir pequeños incidentes del día a día, no solo con niños pequeños sino también con adolescentes.

Como su nombre indica, se trata de darles una segunda oportunidad para que puedan hacerlo de nuevo pero esta vez correctamente y colaborando.

La operativa es la siguiente: Se le aclara al niño qué es lo que ha hecho mal, cómo se espera que lo haga y se le anima a hacerlo de nuevo, pero esta vez de manera correcta.

Por ejemplo: Cristina, 15 años. Ha discutido con su madre por culpa de una camisa.
Le "exige" que se la preste, con imperativos y malos modales: "nunca me dejas nada, no confías en mi, eres una egoísta" etc, son palabras muy utilizadas por Cristina cuando se trata de conseguir algo de su madre.
Madre: "Con estas palabras, no te la dejo; si quieres, puedes volver a pedírmela de otra manera"
Cristina: "¡Vaaaale!; ¿me dejas tu camisa azul esta tarde?"

Otro ejemplo: Nacho, 7 años. Se le ha olvidado lavarse las manos al llegar a casa.
Padre: "Lo primero que se hace al llegar del colegio es lavarse las manos"
El padre le dice a Nacho que vuelva a llamar al timbre de la puerta y que "lo intente de nuevo".

Si tu hijo no obedece, será necesario hacer cumplir las consecuencias. Por ejemplo, en el caso de Nacho, no podrá merendar hasta que se lave las manos.

Analizar la opción elegida

En muchas ocasiones los niños no eligen la mejor solución a un problema porque, sencillamente, no saben ver otras opciones o alternativas mejores.

Acostumbrarlos desde pequeños a considerar varias opciones alternativas de conducta les ayuda a autodisciplinarse y a fomentar la responsabilidad.

Mecánica: Analiza con tu hijo otras opciones para resolver el problema. Para ello, hazle preguntas que le ayuden a imaginar otras alternativas más plausibles. Si es muy pequeño, tendrás que sugerir tú esas ideas. Después anímalo a aplicar la opción más adecuada la próxima vez que tenga oportunidad.

Por ejemplo: Ignacio (8 años). Le dice a su padre, cuando éste le pregunta por sus deberes, que ya los tiene hechos y comienza a jugar. Su padre lo comprueba y ve que gran parte de ellos no están hechos.

Padre: No hacer los deberes no es una buena solución pues sabes que si no los haces no tendrás oportunidad de jugar y el profesor te reñirá al día siguiente. ¿Qué crees que puedes hacer para solucionar los problemas que tengas con los deberes?

Ignacio: No se me ocurre nada, papá.

Padre: Si no sabes cómo hacer los deberes o te resultan demasiado difíciles puedes pedirnos ayuda a mamá o a mí. También podrías telefonear a un amigo para que te ayudara por teléfono. Podemos poner una nota al profesor en tu agenda y decirle que te vuelva a explicar la lección. ¿Qué te parece?

Ignacio: Os pediré ayuda.

Padre: Bien. Eso será suficiente para que puedas llevar al colegio cada día los deberes hechos y te sobre tiempo para jugar. Buena elección.

Dar opciones

Ofrece a tu hijo dos o tres opciones (límites) de modo que sea él el que tenga que elegir una de ellas, y responsabilizarse de sus actos.

Luis, 5 años. Puedes jugar con la jeringa de agua en el patio o en la terraza, pero nunca dentro de casa. ¿Qué quieres hacer?

Inés, 9 años. Ha pegado a su hermana Esther, de 4 años. La madre le castiga a irse a su cuarto 10 minutos "a pensar". Irene se niega.
Padre: Puedes irte a tu cuarto 10 minutos o te llevo yo durante 20 minutos ¿Qué decides?

No son negociables estas opciones. De hecho, son los límites que ponemos a su comportamiento y estos no se pueden negociar. Si a pesar de dar opciones, tu hijo infringe estos límites, añade a las opciones la conciencia lógica:

Irene, 15 años: Puedes coger mi camisa cuando quieras, siempre que me la pidas antes. Si no me la pides previamente, perderás el privilegio de ponerte mi ropa ¿Lo has entendido?

Javier, 10 años. Puedes hacer los deberes antes o después de merendar pero recuerda que no podrás ver la televisión si no has acabado tus deberes. ¿Qué decides?

Técnica de resolución de problemas

¿Qué pasa si a pesar de las opciones y consecuencias tu hijo no cambia de postura? ¿Hay que pasar directamente al castigo o hay alguna otra posible solución? ¿Por qué enfrentarnos contra nuestros hijos cuando surge un conflicto en lugar de buscar con ellos una solución que respete las necesidades de todos?

Esta técnica de resolución conjunta de problemas permite encontrar entre ambas partes una solución satisfactoria tanto para padres como para hijos, sin necesidad de que haya vencedores ni vencidos. Tu hijo o hijos podrán participar en la elección de la solución, se sentirán respetados y comprendidos y se involucrarán en la decisión tomada.

El mejor momento:
Cuando todos estáis en calma, en frío, y podéis controlar las emociones.

Método:

1. Hablar de tus necesidades y de las suyas, así como de vuestros sentimientos.
2. Buscar soluciones conjuntamente sin evaluarlas. Tan solo escribir todo lo que se os ocurra, sean practicables o no.
3. Decidir entre ambas partes cual es la solución o soluciones más interesantes, las que son más respetuosas con todas las necesidades y dificultades, desechando las que no interesen.

Beneficios:

1. Tu hijo ha participado en el acuerdo y lo ha aceptado, por lo tanto es más probable que funcione que si la decisión la han tomado los padres unilateralmente.
2. Es un buen método para conocer las dificultades que tienen los hijos, dificultades que a menudo ignoramos o nos esconden los verdaderos motivos del conflicto.
3. Todos salen ganando: tu hijo no quedará frustrado porque ha de obedecer "porque lo dices tú" y no acabará ganando porque no cederás por cansancio a su tozudez.
4. La familia aprende a negociar, sin que ello sea sinónimo de perder la autoridad. El niño aprenderá a hacer concesiones, a proponer ideas creativas, a "ponerse en la piel de los demás", contribuyendo a su maduración y a la maduración de la familia en general.

Veamos un ejemplo en la página siguiente.

Técnica de resolución de problemas. Ejemplo

Enrique, 13 años. No consigue mantener en orden su cuarto. Las peleas son diarias con sus padres. La mejor manera para que cambie de actitud es involucrarlo en el problema.

Madre: Me entristezco cada vez que voy por la mañana a tu habitación y me encuentro tu ropa sucia por el suelo, los libros desordenados, las camisas amontonadas en la silla, los zapatos con barro. Me siento triste al pensar que no eres considerado conmigo y con el resto de la familia.

Enrique: ¡No está tan desordenado!

Madre: También entiendo que estás cansado por la mañana y apenas te queda tiempo para ordenar tu habitación. Tienes muchas cosas que hacer y ordenar tu cuarto no es tu prioridad.

Enrique: Es que me acuesto muy tarde haciendo deberes. Y los días de fútbol estoy muy cansado.

Madre: Te entiendo. Sin embargo, para mi es muy importante. No solo porque es un hábito importante sino porque es una manera de respetar a los demás, de vivir en comunidad y de ayudarme con las tareas de la casa. Yo también estoy cansada y sin embargo mantengo ordenada, no solo mi habitación, sino también el resto de la casa. ¿Puedes ponerte en mi lugar?

Enrique: Tienes razón, mamá. Lo intento pero no siempre lo consigo

Madre: ¿Qué tal si pensamos en una solución que nos satisfaga a los dos?

Enrique: ¡Vale! La mejor solución es que no entres a mi cuarto y así no te enterarás de cómo está mi cuarto.

Madre: De acuerdo. ¿Qué más?

Enrique: Podrías decirle a Miguel (su hermano de 10 años) que limpiara mi cuarto por mi.

Madre: También podrías levantarte cada día 15 minutos antes para colocar todas las cosas en su sitio.

Enrique: Vale. Pero el problema es que no tengo sitio en el armario.

Madre: Entonces se me ocurre que podría ayudarte una primera vez a ordenar contigo el armario para conseguir el espacio suficiente.

Enrique: Eso estaría bien. Ya que tú me ayudas con el armario, yo intentaré hacerme cada día la cama. Pero solo estirarla ¿vale?

Madre: Creo que también sería una buena idea ponerte una estantería nueva para que pudieras tener los libros siempre ordenados.

Enrique: ¡Eso es genial! Y que Miguel no entre sin mi permiso a mi cuarto. Muchas veces él es quien me desordena los libros.

Madre: Yo podría hablar con él y convencerle de que te pida permiso antes de entrar. Seguro que si le pasas algunos de los libros que ya no lees se conforma y acepta. ¿Algo más?

Enrique: ¿Qué te parece si coloco el cesto de la ropa sucia más cerca de mi cuarto, junto al pasillo? Así me acordaré de tirarla al cesto por la noche. Y si me dejas tener la caja de limpiar los zapatos en mi cuarto de baño en lugar del lavadero, también podría limpiar un día a la semana los zapatos del colegio. Tú podrías ayudarme con el barro de los deportivos los días de lluvia.

Madre: Lo apunto. ¿Algo más?

Enrique: Sí, que no me gustaría que vinieras cada día a mi habitación para controlar cómo la he dejado. Apunta que solo te pasarás los domingos.

Madre: Vale, pero los martes también. ¿Algo más? ¿No? Pues miremos nuestra lista.

Ahora lee en voz alta todo lo que han dicho, las valoran, eliminan las que no son operativas y hace una nueva lista con las medidas tomadas por consenso:

Madre:

* Hemos quedado que te levantarás 15 minutos antes cada día para ordenar tu habitación.

* Yo te ayudaré una tarde a organizar el armario para que tengas espacio suficiente para mantenerlo ordenado y con la ropa en su sitio.

* Tu harás cada día tu cama, aunque sea estirándola.

* Colocaremos una estantería nueva para que puedas colocar todos los libros que ahora están amontonados en tu mesa y en la mesita de noche.

* Hablaré con tu hermano para que no te toque los libros y tú le pasarás aquellos que ya no leas para que él tenga su propia biblioteca.

* Colocarás el cesto de la ropa sucia cerca de tu cuarto y te limpiarás los zapatos en tu baño una vez a la semana.

* Yo te ayudaré con el barro de los zapatos los días de lluvia.

* Papá o yo supervisaremos tu cuarto dos veces a la semana, los martes y los domingos.

¿Qué te parece la lista? ¿Crees que podremos llevarla a cabo?

Enrique: Ahora me parece "algo" más fácil mantener ordenado mi cuarto. Podemos intentarlo.¡Gracias, mamá!

Técnica de resolución de problemas

No siempre la resolución de conflictos requiere tanto tiempo. A veces, en el día a día, negociamos con nuestros hijos de manera espontánea una solución respetuosa para ambos, solo que no nos damos cuenta:

Sara, 3 años:
Madre: "Es la hora del baño. Vamos al baño, Sara"
Sara: No hace caso en el momento. Acaba de pasar las páginas de su libro y entonces se dirige al baño, tal y como le ha ordenado su madre. Es su manera de decir: "De acuerdo mamá; primero acabo el libro y luego voy a bañarme"

Jaime, 7 años:
Padre: "Saca el fregaplatos, por favor"
Jaime: "Vale, pero déjame que primero acabe la merienda"

Puede que a unos os cueste más que a otros conseguir estas dinámicas. Los ejemplos de todas estas técnicas os muestran el camino, os ilustran sobre cual sería la mejor manera de poner en práctica la teoría, pero debéis tener en cuenta que cada niño es un mundo.

Unos necesitan más perseverancia, otros más tiempo de práctica, más paciencia por vuestra parte, a otros tendrás que adaptarles la metodología a sus características personales, etc. Lo importante es que conozcáis las técnicas para poder elegir aquella/s que se acoplan mejor a la dinámica de vuestro hogar.


Autor/a: Elena Roger Gamir, pedagoga del Gabinete Pedagógico Solohijos
© Copyright Solohijos 1, S.L.
http://www.solohijos.com/newsletter/news.php?num=95_1