domingo, 3 de abril de 2016
Trastornos de la personalidad
http://www.linaresnevadopsicologos.com/es/tratamientos-bilbao/trastornos-de-la-personalidad_7.html?gclid=CKK-seWY8ssCFcZAGwodze0Iyw
Trastornos emocionales en niños
Trastornos emocionales en los niños ¿Cómo identificarlos?
En la consulta del médico de familia o de pediatría se encontrarán a menudo niños con trastornos emocionales que hemos de intentar identificarlos.
Es más difícil en niños menores de 6 años por la falta de comunicación, en niños mayores de 6 años el médico puede evaluar el estado emocional con mayor facilidad.
Hay que observar al niño y tratar de detectar los signos de ansiedad, hay que hablar con el niño sin la presencia de los padres, hay que intentar que el niño se quede en la consulta solo, se intentara al menos tres veces, la incapacidad de abandonar a los padres después de los seis años significa inmadurez o alteración emocional.
Hay que preguntar al niño si le pasa algo malo, si dice que es malo o que otros le tienen manía pídale que le explique algo más sobre ello. Valore su sucesión de pensamientos, si es lógica o no lo es.
Investigue si el niño está sometido a estrés por causas ajenas a él, en el ambiente familiar, en el colegio, etc. Hágale preguntas que le relaciones con los diferentes ambientes, escolares y familiares buscando indicios que relacionen su estado con este tipo de problemas. Pregúntele si hay algún problema en la familia, y valore su lógica. Intente establecer el tipo de relación con los padres y el resto de hermanos, e interrogue a los padres sobre los hábitos familiares y el tiempo que dedican a sus pequeños.
Si el niño duda en hablar de sí mismo pregúntele por su mejor amigo o por otras personas del entorno, al hacerlo probablemente hablara mas de si mismo que de su amigo.
Pregúntele que hará cuando sea mayor. La incapacidad para dar una respuesta indica inmadurez, probablemente está diciendo que quiere seguir siendo un bebe.
Sospeche tendencias esquizoides en un niño aislado, pasivo, que cuando se le pregunta ¿qué quiere ser de mayor?manifiesta ocupaciones que consideramos raras. Un niño que se muestra maduro y confiado, que quiere ser bombero como su tío probablemente tiene una buena identificación.
Para valorar su madurez psicosexual pregúntele al chico si sabe de dónde vienen los niños, si rehúsa contestar o da una respuesta poco realista a los 10 o 12 años sugiere inmadurez. Pregúnteles a los chicos si les gustan las chicas y al revés, pregúnteles después si piensan casarse.
Valorando las respuestas del niño a dichas preguntas podrá apreciar su agresividad, su madurez, su identificación y su desarrollo psicosexual.
Si el niño o la niña es inmaduro a simple vista y falla en una de las cuatro aéreas anteriores es necesario enviarlo al psiquiatra. Si los fallos del niño son ligeros probablemente se pueda aconsejar a sus padres mientras se sigue valorando a la familia.
Problemas / como enseñar a resolverlos
En muchas ocasiones, los padres olvidamos con mucha facilidad cómo aprendíamos cuando éramos niños.
Da igual que en la cocina de casa nos describieran la mejor técnica para ir en bicicleta o que nos sermonearan sobre cómo conseguir no hacer caso a los compañeros de clase cuando se metían con nosotros. Todo parecía muy sencillo en teoría, en la cocina de nuestra casa, pero otra cosa era cuando montábamos en la bicicleta en la calle o cuando nos teníamos que enfrentar a los insultos de nuestros amigos en el colegio.
Aprender a hacer lo correcto no es tan fácil como en ocasiones creemos. La teoría se la saben muy bien nuestros hijos pero la práctica ¡qué difícil es llevarla a cabo! A veces querer aprender no es suficiente para aprender.
¿Qué necesitan? Necesitan un poco más de apoyo de nuestra parte. Necesitan practicar, aprender a tomar decisiones y experimentar consecuencias.
Explicarles a nuestros hijos lo que deben y no deben hacer, cómo y cuando deben hacerlo es una parte del proceso de aprendizaje, pero insuficiente si no les enseñamos al mismo tiempo, a través de la práctica, a tomar decisiones y a solucionar problemas.
¿Qué podemos hacer para que nuestro hijo sepa elegir la mejor opción entre varias alternativas? ¿Cómo ayudarle a que se enfrente a los problemas con seguridad? ¿Cómo le podemos enseñar a plantearse diferentes soluciones ante una situación conflictiva?
Hay métodos que nos permiten ayudarles a conseguirlo, métodos muy sencillos y elementales que, inconscientemente, todos hemos utilizado a lo largo de nuestra vida. Vamos a repasarlos.
Simular situaciones reales
Imaginar cómo podría ser una opción hipotética y reproducirla en casa con nuestros hijos nos permite poner a prueba distintos enfoques sin necesidad de "estrellarnos" si algo sale mal. Se trata de practicar lo que nuestros hijos ya saben de manera intelectual pero que, por diferentes motivos, no saben o no pueden llevarlo a cabo.
Por ejemplo: Alex, 10 años. Tiene un compañero en clase que a menudo le quita su bolígrafo rojo y no se lo devuelve. Su madre/padre puede adoptar dos posiciones y decirle:
Incorrecto: "Te he dicho muchas veces lo que debes hacer. Deberías quitarle los suyos para que aprendiera la lección. La próxima vez le quitas el bolígrafo aunque esté escribiendo. ¡Es muy sencillo!"
Correcto: "Te molesta mucho que te quiten tus cosas y te da miedo recuperarlas y enfrentarte a tu compañero ¿verdad? Vamos a hacer una cosa: si te parece bien, vamos a practicar lo que podríamos hacer la próxima vez que te ocurra eso".
Ambos interpretan diferentes papeles. Al principio la madre es Pablo (el niño que le quita los bolígrafos). Le enseña cómo actuar y qué decir ante esa misma situación: "No lo cojas; lo necesito yo". También le enseña otras formas de decir "no" , ya que negarse es lo que más le cuesta a Alex: "Es mío, no lo cojas", "No te lo dejo; ya te he dejado otros bolígrafos y no me los has devuelto", "Lo siento pero no", "¡Cómprate uno! Yo también lo necesito", etc.
Luego cambian los papeles. Alex hace lo que su madre hizo anteriormente en la representación. Dice con voz clara y firme: "No los cojas. Son míos y los necesito"
Madre: "Muy bien Alex. Seguro que le quedará muy claro a Pablo".
A medida que practican, Alex se siente más seguro. Se da cuenta de que decir "No, lo siento" no es tan difícil como pensaba. De hecho, nunca se lo había dicho a su compañero por miedo, por lo que éste aprovechaba para actuar de la misma manera una y otra vez.
El hecho de imponer sus límites fue suficiente para cortar esta incómoda situación y devolver la confianza a Alex.
Empezar de nuevo
No os descubrimos nada nuevo con esta técnica pero os recordamos que es muy útil para corregir pequeños incidentes del día a día, no solo con niños pequeños sino también con adolescentes.
Como su nombre indica, se trata de darles una segunda oportunidad para que puedan hacerlo de nuevo pero esta vez correctamente y colaborando.
La operativa es la siguiente: Se le aclara al niño qué es lo que ha hecho mal, cómo se espera que lo haga y se le anima a hacerlo de nuevo, pero esta vez de manera correcta.
Por ejemplo: Cristina, 15 años. Ha discutido con su madre por culpa de una camisa.
Le "exige" que se la preste, con imperativos y malos modales: "nunca me dejas nada, no confías en mi, eres una egoísta" etc, son palabras muy utilizadas por Cristina cuando se trata de conseguir algo de su madre.
Madre: "Con estas palabras, no te la dejo; si quieres, puedes volver a pedírmela de otra manera"
Cristina: "¡Vaaaale!; ¿me dejas tu camisa azul esta tarde?"
Otro ejemplo: Nacho, 7 años. Se le ha olvidado lavarse las manos al llegar a casa.
Padre: "Lo primero que se hace al llegar del colegio es lavarse las manos"
El padre le dice a Nacho que vuelva a llamar al timbre de la puerta y que "lo intente de nuevo".
Si tu hijo no obedece, será necesario hacer cumplir las consecuencias. Por ejemplo, en el caso de Nacho, no podrá merendar hasta que se lave las manos.
Analizar la opción elegida
En muchas ocasiones los niños no eligen la mejor solución a un problema porque, sencillamente, no saben ver otras opciones o alternativas mejores.
Acostumbrarlos desde pequeños a considerar varias opciones alternativas de conducta les ayuda a autodisciplinarse y a fomentar la responsabilidad.
Mecánica: Analiza con tu hijo otras opciones para resolver el problema. Para ello, hazle preguntas que le ayuden a imaginar otras alternativas más plausibles. Si es muy pequeño, tendrás que sugerir tú esas ideas. Después anímalo a aplicar la opción más adecuada la próxima vez que tenga oportunidad.
Por ejemplo: Ignacio (8 años). Le dice a su padre, cuando éste le pregunta por sus deberes, que ya los tiene hechos y comienza a jugar. Su padre lo comprueba y ve que gran parte de ellos no están hechos.
Padre: No hacer los deberes no es una buena solución pues sabes que si no los haces no tendrás oportunidad de jugar y el profesor te reñirá al día siguiente. ¿Qué crees que puedes hacer para solucionar los problemas que tengas con los deberes?
Ignacio: No se me ocurre nada, papá.
Padre: Si no sabes cómo hacer los deberes o te resultan demasiado difíciles puedes pedirnos ayuda a mamá o a mí. También podrías telefonear a un amigo para que te ayudara por teléfono. Podemos poner una nota al profesor en tu agenda y decirle que te vuelva a explicar la lección. ¿Qué te parece?
Ignacio: Os pediré ayuda.
Padre: Bien. Eso será suficiente para que puedas llevar al colegio cada día los deberes hechos y te sobre tiempo para jugar. Buena elección.
Dar opciones
Ofrece a tu hijo dos o tres opciones (límites) de modo que sea él el que tenga que elegir una de ellas, y responsabilizarse de sus actos.
Luis, 5 años. Puedes jugar con la jeringa de agua en el patio o en la terraza, pero nunca dentro de casa. ¿Qué quieres hacer?
Inés, 9 años. Ha pegado a su hermana Esther, de 4 años. La madre le castiga a irse a su cuarto 10 minutos "a pensar". Irene se niega.
Padre: Puedes irte a tu cuarto 10 minutos o te llevo yo durante 20 minutos ¿Qué decides?
No son negociables estas opciones. De hecho, son los límites que ponemos a su comportamiento y estos no se pueden negociar. Si a pesar de dar opciones, tu hijo infringe estos límites, añade a las opciones la conciencia lógica:
Irene, 15 años: Puedes coger mi camisa cuando quieras, siempre que me la pidas antes. Si no me la pides previamente, perderás el privilegio de ponerte mi ropa ¿Lo has entendido?
Javier, 10 años. Puedes hacer los deberes antes o después de merendar pero recuerda que no podrás ver la televisión si no has acabado tus deberes. ¿Qué decides?
Técnica de resolución de problemas
¿Qué pasa si a pesar de las opciones y consecuencias tu hijo no cambia de postura? ¿Hay que pasar directamente al castigo o hay alguna otra posible solución? ¿Por qué enfrentarnos contra nuestros hijos cuando surge un conflicto en lugar de buscar con ellos una solución que respete las necesidades de todos?
Esta técnica de resolución conjunta de problemas permite encontrar entre ambas partes una solución satisfactoria tanto para padres como para hijos, sin necesidad de que haya vencedores ni vencidos. Tu hijo o hijos podrán participar en la elección de la solución, se sentirán respetados y comprendidos y se involucrarán en la decisión tomada.
El mejor momento:
Cuando todos estáis en calma, en frío, y podéis controlar las emociones.
Método:
1. Hablar de tus necesidades y de las suyas, así como de vuestros sentimientos.
2. Buscar soluciones conjuntamente sin evaluarlas. Tan solo escribir todo lo que se os ocurra, sean practicables o no.
3. Decidir entre ambas partes cual es la solución o soluciones más interesantes, las que son más respetuosas con todas las necesidades y dificultades, desechando las que no interesen.
Beneficios:
1. Tu hijo ha participado en el acuerdo y lo ha aceptado, por lo tanto es más probable que funcione que si la decisión la han tomado los padres unilateralmente.
2. Es un buen método para conocer las dificultades que tienen los hijos, dificultades que a menudo ignoramos o nos esconden los verdaderos motivos del conflicto.
3. Todos salen ganando: tu hijo no quedará frustrado porque ha de obedecer "porque lo dices tú" y no acabará ganando porque no cederás por cansancio a su tozudez.
4. La familia aprende a negociar, sin que ello sea sinónimo de perder la autoridad. El niño aprenderá a hacer concesiones, a proponer ideas creativas, a "ponerse en la piel de los demás", contribuyendo a su maduración y a la maduración de la familia en general.
Veamos un ejemplo en la página siguiente.
Técnica de resolución de problemas. Ejemplo
Enrique, 13 años. No consigue mantener en orden su cuarto. Las peleas son diarias con sus padres. La mejor manera para que cambie de actitud es involucrarlo en el problema.
Madre: Me entristezco cada vez que voy por la mañana a tu habitación y me encuentro tu ropa sucia por el suelo, los libros desordenados, las camisas amontonadas en la silla, los zapatos con barro. Me siento triste al pensar que no eres considerado conmigo y con el resto de la familia.
Enrique: ¡No está tan desordenado!
Madre: También entiendo que estás cansado por la mañana y apenas te queda tiempo para ordenar tu habitación. Tienes muchas cosas que hacer y ordenar tu cuarto no es tu prioridad.
Enrique: Es que me acuesto muy tarde haciendo deberes. Y los días de fútbol estoy muy cansado.
Madre: Te entiendo. Sin embargo, para mi es muy importante. No solo porque es un hábito importante sino porque es una manera de respetar a los demás, de vivir en comunidad y de ayudarme con las tareas de la casa. Yo también estoy cansada y sin embargo mantengo ordenada, no solo mi habitación, sino también el resto de la casa. ¿Puedes ponerte en mi lugar?
Enrique: Tienes razón, mamá. Lo intento pero no siempre lo consigo
Madre: ¿Qué tal si pensamos en una solución que nos satisfaga a los dos?
Enrique: ¡Vale! La mejor solución es que no entres a mi cuarto y así no te enterarás de cómo está mi cuarto.
Madre: De acuerdo. ¿Qué más?
Enrique: Podrías decirle a Miguel (su hermano de 10 años) que limpiara mi cuarto por mi.
Madre: También podrías levantarte cada día 15 minutos antes para colocar todas las cosas en su sitio.
Enrique: Vale. Pero el problema es que no tengo sitio en el armario.
Madre: Entonces se me ocurre que podría ayudarte una primera vez a ordenar contigo el armario para conseguir el espacio suficiente.
Enrique: Eso estaría bien. Ya que tú me ayudas con el armario, yo intentaré hacerme cada día la cama. Pero solo estirarla ¿vale?
Madre: Creo que también sería una buena idea ponerte una estantería nueva para que pudieras tener los libros siempre ordenados.
Enrique: ¡Eso es genial! Y que Miguel no entre sin mi permiso a mi cuarto. Muchas veces él es quien me desordena los libros.
Madre: Yo podría hablar con él y convencerle de que te pida permiso antes de entrar. Seguro que si le pasas algunos de los libros que ya no lees se conforma y acepta. ¿Algo más?
Enrique: ¿Qué te parece si coloco el cesto de la ropa sucia más cerca de mi cuarto, junto al pasillo? Así me acordaré de tirarla al cesto por la noche. Y si me dejas tener la caja de limpiar los zapatos en mi cuarto de baño en lugar del lavadero, también podría limpiar un día a la semana los zapatos del colegio. Tú podrías ayudarme con el barro de los deportivos los días de lluvia.
Madre: Lo apunto. ¿Algo más?
Enrique: Sí, que no me gustaría que vinieras cada día a mi habitación para controlar cómo la he dejado. Apunta que solo te pasarás los domingos.
Madre: Vale, pero los martes también. ¿Algo más? ¿No? Pues miremos nuestra lista.
Ahora lee en voz alta todo lo que han dicho, las valoran, eliminan las que no son operativas y hace una nueva lista con las medidas tomadas por consenso:
Madre:
* Hemos quedado que te levantarás 15 minutos antes cada día para ordenar tu habitación.
* Yo te ayudaré una tarde a organizar el armario para que tengas espacio suficiente para mantenerlo ordenado y con la ropa en su sitio.
* Tu harás cada día tu cama, aunque sea estirándola.
* Colocaremos una estantería nueva para que puedas colocar todos los libros que ahora están amontonados en tu mesa y en la mesita de noche.
* Hablaré con tu hermano para que no te toque los libros y tú le pasarás aquellos que ya no leas para que él tenga su propia biblioteca.
* Colocarás el cesto de la ropa sucia cerca de tu cuarto y te limpiarás los zapatos en tu baño una vez a la semana.
* Yo te ayudaré con el barro de los zapatos los días de lluvia.
* Papá o yo supervisaremos tu cuarto dos veces a la semana, los martes y los domingos.
¿Qué te parece la lista? ¿Crees que podremos llevarla a cabo?
Enrique: Ahora me parece "algo" más fácil mantener ordenado mi cuarto. Podemos intentarlo.¡Gracias, mamá!
Técnica de resolución de problemas
No siempre la resolución de conflictos requiere tanto tiempo. A veces, en el día a día, negociamos con nuestros hijos de manera espontánea una solución respetuosa para ambos, solo que no nos damos cuenta:
Sara, 3 años:
Madre: "Es la hora del baño. Vamos al baño, Sara"
Sara: No hace caso en el momento. Acaba de pasar las páginas de su libro y entonces se dirige al baño, tal y como le ha ordenado su madre. Es su manera de decir: "De acuerdo mamá; primero acabo el libro y luego voy a bañarme"
Jaime, 7 años:
Padre: "Saca el fregaplatos, por favor"
Jaime: "Vale, pero déjame que primero acabe la merienda"
Puede que a unos os cueste más que a otros conseguir estas dinámicas. Los ejemplos de todas estas técnicas os muestran el camino, os ilustran sobre cual sería la mejor manera de poner en práctica la teoría, pero debéis tener en cuenta que cada niño es un mundo.
Unos necesitan más perseverancia, otros más tiempo de práctica, más paciencia por vuestra parte, a otros tendrás que adaptarles la metodología a sus características personales, etc. Lo importante es que conozcáis las técnicas para poder elegir aquella/s que se acoplan mejor a la dinámica de vuestro hogar.
Autor/a: Elena Roger Gamir, pedagoga del Gabinete Pedagógico Solohijos
© Copyright Solohijos 1, S.L.
http://www.solohijos.com/newsletter/news.php?num=95_1
Da igual que en la cocina de casa nos describieran la mejor técnica para ir en bicicleta o que nos sermonearan sobre cómo conseguir no hacer caso a los compañeros de clase cuando se metían con nosotros. Todo parecía muy sencillo en teoría, en la cocina de nuestra casa, pero otra cosa era cuando montábamos en la bicicleta en la calle o cuando nos teníamos que enfrentar a los insultos de nuestros amigos en el colegio.
Aprender a hacer lo correcto no es tan fácil como en ocasiones creemos. La teoría se la saben muy bien nuestros hijos pero la práctica ¡qué difícil es llevarla a cabo! A veces querer aprender no es suficiente para aprender.
¿Qué necesitan? Necesitan un poco más de apoyo de nuestra parte. Necesitan practicar, aprender a tomar decisiones y experimentar consecuencias.
Explicarles a nuestros hijos lo que deben y no deben hacer, cómo y cuando deben hacerlo es una parte del proceso de aprendizaje, pero insuficiente si no les enseñamos al mismo tiempo, a través de la práctica, a tomar decisiones y a solucionar problemas.
¿Qué podemos hacer para que nuestro hijo sepa elegir la mejor opción entre varias alternativas? ¿Cómo ayudarle a que se enfrente a los problemas con seguridad? ¿Cómo le podemos enseñar a plantearse diferentes soluciones ante una situación conflictiva?
Hay métodos que nos permiten ayudarles a conseguirlo, métodos muy sencillos y elementales que, inconscientemente, todos hemos utilizado a lo largo de nuestra vida. Vamos a repasarlos.
Simular situaciones reales
Imaginar cómo podría ser una opción hipotética y reproducirla en casa con nuestros hijos nos permite poner a prueba distintos enfoques sin necesidad de "estrellarnos" si algo sale mal. Se trata de practicar lo que nuestros hijos ya saben de manera intelectual pero que, por diferentes motivos, no saben o no pueden llevarlo a cabo.
Por ejemplo: Alex, 10 años. Tiene un compañero en clase que a menudo le quita su bolígrafo rojo y no se lo devuelve. Su madre/padre puede adoptar dos posiciones y decirle:
Incorrecto: "Te he dicho muchas veces lo que debes hacer. Deberías quitarle los suyos para que aprendiera la lección. La próxima vez le quitas el bolígrafo aunque esté escribiendo. ¡Es muy sencillo!"
Correcto: "Te molesta mucho que te quiten tus cosas y te da miedo recuperarlas y enfrentarte a tu compañero ¿verdad? Vamos a hacer una cosa: si te parece bien, vamos a practicar lo que podríamos hacer la próxima vez que te ocurra eso".
Ambos interpretan diferentes papeles. Al principio la madre es Pablo (el niño que le quita los bolígrafos). Le enseña cómo actuar y qué decir ante esa misma situación: "No lo cojas; lo necesito yo". También le enseña otras formas de decir "no" , ya que negarse es lo que más le cuesta a Alex: "Es mío, no lo cojas", "No te lo dejo; ya te he dejado otros bolígrafos y no me los has devuelto", "Lo siento pero no", "¡Cómprate uno! Yo también lo necesito", etc.
Luego cambian los papeles. Alex hace lo que su madre hizo anteriormente en la representación. Dice con voz clara y firme: "No los cojas. Son míos y los necesito"
Madre: "Muy bien Alex. Seguro que le quedará muy claro a Pablo".
A medida que practican, Alex se siente más seguro. Se da cuenta de que decir "No, lo siento" no es tan difícil como pensaba. De hecho, nunca se lo había dicho a su compañero por miedo, por lo que éste aprovechaba para actuar de la misma manera una y otra vez.
El hecho de imponer sus límites fue suficiente para cortar esta incómoda situación y devolver la confianza a Alex.
Empezar de nuevo
No os descubrimos nada nuevo con esta técnica pero os recordamos que es muy útil para corregir pequeños incidentes del día a día, no solo con niños pequeños sino también con adolescentes.
Como su nombre indica, se trata de darles una segunda oportunidad para que puedan hacerlo de nuevo pero esta vez correctamente y colaborando.
La operativa es la siguiente: Se le aclara al niño qué es lo que ha hecho mal, cómo se espera que lo haga y se le anima a hacerlo de nuevo, pero esta vez de manera correcta.
Por ejemplo: Cristina, 15 años. Ha discutido con su madre por culpa de una camisa.
Le "exige" que se la preste, con imperativos y malos modales: "nunca me dejas nada, no confías en mi, eres una egoísta" etc, son palabras muy utilizadas por Cristina cuando se trata de conseguir algo de su madre.
Madre: "Con estas palabras, no te la dejo; si quieres, puedes volver a pedírmela de otra manera"
Cristina: "¡Vaaaale!; ¿me dejas tu camisa azul esta tarde?"
Otro ejemplo: Nacho, 7 años. Se le ha olvidado lavarse las manos al llegar a casa.
Padre: "Lo primero que se hace al llegar del colegio es lavarse las manos"
El padre le dice a Nacho que vuelva a llamar al timbre de la puerta y que "lo intente de nuevo".
Si tu hijo no obedece, será necesario hacer cumplir las consecuencias. Por ejemplo, en el caso de Nacho, no podrá merendar hasta que se lave las manos.
Analizar la opción elegida
En muchas ocasiones los niños no eligen la mejor solución a un problema porque, sencillamente, no saben ver otras opciones o alternativas mejores.
Acostumbrarlos desde pequeños a considerar varias opciones alternativas de conducta les ayuda a autodisciplinarse y a fomentar la responsabilidad.
Mecánica: Analiza con tu hijo otras opciones para resolver el problema. Para ello, hazle preguntas que le ayuden a imaginar otras alternativas más plausibles. Si es muy pequeño, tendrás que sugerir tú esas ideas. Después anímalo a aplicar la opción más adecuada la próxima vez que tenga oportunidad.
Por ejemplo: Ignacio (8 años). Le dice a su padre, cuando éste le pregunta por sus deberes, que ya los tiene hechos y comienza a jugar. Su padre lo comprueba y ve que gran parte de ellos no están hechos.
Padre: No hacer los deberes no es una buena solución pues sabes que si no los haces no tendrás oportunidad de jugar y el profesor te reñirá al día siguiente. ¿Qué crees que puedes hacer para solucionar los problemas que tengas con los deberes?
Ignacio: No se me ocurre nada, papá.
Padre: Si no sabes cómo hacer los deberes o te resultan demasiado difíciles puedes pedirnos ayuda a mamá o a mí. También podrías telefonear a un amigo para que te ayudara por teléfono. Podemos poner una nota al profesor en tu agenda y decirle que te vuelva a explicar la lección. ¿Qué te parece?
Ignacio: Os pediré ayuda.
Padre: Bien. Eso será suficiente para que puedas llevar al colegio cada día los deberes hechos y te sobre tiempo para jugar. Buena elección.
Dar opciones
Ofrece a tu hijo dos o tres opciones (límites) de modo que sea él el que tenga que elegir una de ellas, y responsabilizarse de sus actos.
Luis, 5 años. Puedes jugar con la jeringa de agua en el patio o en la terraza, pero nunca dentro de casa. ¿Qué quieres hacer?
Inés, 9 años. Ha pegado a su hermana Esther, de 4 años. La madre le castiga a irse a su cuarto 10 minutos "a pensar". Irene se niega.
Padre: Puedes irte a tu cuarto 10 minutos o te llevo yo durante 20 minutos ¿Qué decides?
No son negociables estas opciones. De hecho, son los límites que ponemos a su comportamiento y estos no se pueden negociar. Si a pesar de dar opciones, tu hijo infringe estos límites, añade a las opciones la conciencia lógica:
Irene, 15 años: Puedes coger mi camisa cuando quieras, siempre que me la pidas antes. Si no me la pides previamente, perderás el privilegio de ponerte mi ropa ¿Lo has entendido?
Javier, 10 años. Puedes hacer los deberes antes o después de merendar pero recuerda que no podrás ver la televisión si no has acabado tus deberes. ¿Qué decides?
Técnica de resolución de problemas
¿Qué pasa si a pesar de las opciones y consecuencias tu hijo no cambia de postura? ¿Hay que pasar directamente al castigo o hay alguna otra posible solución? ¿Por qué enfrentarnos contra nuestros hijos cuando surge un conflicto en lugar de buscar con ellos una solución que respete las necesidades de todos?
Esta técnica de resolución conjunta de problemas permite encontrar entre ambas partes una solución satisfactoria tanto para padres como para hijos, sin necesidad de que haya vencedores ni vencidos. Tu hijo o hijos podrán participar en la elección de la solución, se sentirán respetados y comprendidos y se involucrarán en la decisión tomada.
El mejor momento:
Cuando todos estáis en calma, en frío, y podéis controlar las emociones.
Método:
1. Hablar de tus necesidades y de las suyas, así como de vuestros sentimientos.
2. Buscar soluciones conjuntamente sin evaluarlas. Tan solo escribir todo lo que se os ocurra, sean practicables o no.
3. Decidir entre ambas partes cual es la solución o soluciones más interesantes, las que son más respetuosas con todas las necesidades y dificultades, desechando las que no interesen.
Beneficios:
1. Tu hijo ha participado en el acuerdo y lo ha aceptado, por lo tanto es más probable que funcione que si la decisión la han tomado los padres unilateralmente.
2. Es un buen método para conocer las dificultades que tienen los hijos, dificultades que a menudo ignoramos o nos esconden los verdaderos motivos del conflicto.
3. Todos salen ganando: tu hijo no quedará frustrado porque ha de obedecer "porque lo dices tú" y no acabará ganando porque no cederás por cansancio a su tozudez.
4. La familia aprende a negociar, sin que ello sea sinónimo de perder la autoridad. El niño aprenderá a hacer concesiones, a proponer ideas creativas, a "ponerse en la piel de los demás", contribuyendo a su maduración y a la maduración de la familia en general.
Veamos un ejemplo en la página siguiente.
Técnica de resolución de problemas. Ejemplo
Enrique, 13 años. No consigue mantener en orden su cuarto. Las peleas son diarias con sus padres. La mejor manera para que cambie de actitud es involucrarlo en el problema.
Madre: Me entristezco cada vez que voy por la mañana a tu habitación y me encuentro tu ropa sucia por el suelo, los libros desordenados, las camisas amontonadas en la silla, los zapatos con barro. Me siento triste al pensar que no eres considerado conmigo y con el resto de la familia.
Enrique: ¡No está tan desordenado!
Madre: También entiendo que estás cansado por la mañana y apenas te queda tiempo para ordenar tu habitación. Tienes muchas cosas que hacer y ordenar tu cuarto no es tu prioridad.
Enrique: Es que me acuesto muy tarde haciendo deberes. Y los días de fútbol estoy muy cansado.
Madre: Te entiendo. Sin embargo, para mi es muy importante. No solo porque es un hábito importante sino porque es una manera de respetar a los demás, de vivir en comunidad y de ayudarme con las tareas de la casa. Yo también estoy cansada y sin embargo mantengo ordenada, no solo mi habitación, sino también el resto de la casa. ¿Puedes ponerte en mi lugar?
Enrique: Tienes razón, mamá. Lo intento pero no siempre lo consigo
Madre: ¿Qué tal si pensamos en una solución que nos satisfaga a los dos?
Enrique: ¡Vale! La mejor solución es que no entres a mi cuarto y así no te enterarás de cómo está mi cuarto.
Madre: De acuerdo. ¿Qué más?
Enrique: Podrías decirle a Miguel (su hermano de 10 años) que limpiara mi cuarto por mi.
Madre: También podrías levantarte cada día 15 minutos antes para colocar todas las cosas en su sitio.
Enrique: Vale. Pero el problema es que no tengo sitio en el armario.
Madre: Entonces se me ocurre que podría ayudarte una primera vez a ordenar contigo el armario para conseguir el espacio suficiente.
Enrique: Eso estaría bien. Ya que tú me ayudas con el armario, yo intentaré hacerme cada día la cama. Pero solo estirarla ¿vale?
Madre: Creo que también sería una buena idea ponerte una estantería nueva para que pudieras tener los libros siempre ordenados.
Enrique: ¡Eso es genial! Y que Miguel no entre sin mi permiso a mi cuarto. Muchas veces él es quien me desordena los libros.
Madre: Yo podría hablar con él y convencerle de que te pida permiso antes de entrar. Seguro que si le pasas algunos de los libros que ya no lees se conforma y acepta. ¿Algo más?
Enrique: ¿Qué te parece si coloco el cesto de la ropa sucia más cerca de mi cuarto, junto al pasillo? Así me acordaré de tirarla al cesto por la noche. Y si me dejas tener la caja de limpiar los zapatos en mi cuarto de baño en lugar del lavadero, también podría limpiar un día a la semana los zapatos del colegio. Tú podrías ayudarme con el barro de los deportivos los días de lluvia.
Madre: Lo apunto. ¿Algo más?
Enrique: Sí, que no me gustaría que vinieras cada día a mi habitación para controlar cómo la he dejado. Apunta que solo te pasarás los domingos.
Madre: Vale, pero los martes también. ¿Algo más? ¿No? Pues miremos nuestra lista.
Ahora lee en voz alta todo lo que han dicho, las valoran, eliminan las que no son operativas y hace una nueva lista con las medidas tomadas por consenso:
Madre:
* Hemos quedado que te levantarás 15 minutos antes cada día para ordenar tu habitación.
* Yo te ayudaré una tarde a organizar el armario para que tengas espacio suficiente para mantenerlo ordenado y con la ropa en su sitio.
* Tu harás cada día tu cama, aunque sea estirándola.
* Colocaremos una estantería nueva para que puedas colocar todos los libros que ahora están amontonados en tu mesa y en la mesita de noche.
* Hablaré con tu hermano para que no te toque los libros y tú le pasarás aquellos que ya no leas para que él tenga su propia biblioteca.
* Colocarás el cesto de la ropa sucia cerca de tu cuarto y te limpiarás los zapatos en tu baño una vez a la semana.
* Yo te ayudaré con el barro de los zapatos los días de lluvia.
* Papá o yo supervisaremos tu cuarto dos veces a la semana, los martes y los domingos.
¿Qué te parece la lista? ¿Crees que podremos llevarla a cabo?
Enrique: Ahora me parece "algo" más fácil mantener ordenado mi cuarto. Podemos intentarlo.¡Gracias, mamá!
Técnica de resolución de problemas
No siempre la resolución de conflictos requiere tanto tiempo. A veces, en el día a día, negociamos con nuestros hijos de manera espontánea una solución respetuosa para ambos, solo que no nos damos cuenta:
Sara, 3 años:
Madre: "Es la hora del baño. Vamos al baño, Sara"
Sara: No hace caso en el momento. Acaba de pasar las páginas de su libro y entonces se dirige al baño, tal y como le ha ordenado su madre. Es su manera de decir: "De acuerdo mamá; primero acabo el libro y luego voy a bañarme"
Jaime, 7 años:
Padre: "Saca el fregaplatos, por favor"
Jaime: "Vale, pero déjame que primero acabe la merienda"
Puede que a unos os cueste más que a otros conseguir estas dinámicas. Los ejemplos de todas estas técnicas os muestran el camino, os ilustran sobre cual sería la mejor manera de poner en práctica la teoría, pero debéis tener en cuenta que cada niño es un mundo.
Unos necesitan más perseverancia, otros más tiempo de práctica, más paciencia por vuestra parte, a otros tendrás que adaptarles la metodología a sus características personales, etc. Lo importante es que conozcáis las técnicas para poder elegir aquella/s que se acoplan mejor a la dinámica de vuestro hogar.
Autor/a: Elena Roger Gamir, pedagoga del Gabinete Pedagógico Solohijos
© Copyright Solohijos 1, S.L.
http://www.solohijos.com/newsletter/news.php?num=95_1
Agresividad
Los menores que muestran cierto grado de agresividad, se sienten mal, pero ni ellos saben porqué.
Muchos que he visto en mi despacho, han huido de consultas psicológicas, donde se sentían incómodos ante un terapeuta que les observa e interroga.
Mi método consiste en ayudarles, sin preguntarles.
Es un fluir. Un trabajar, estudiando su modo de manejarse y de resolver problemas a diario...
En este discurrir, va confiando en mí. Me deja ver sus miedos, inseguridadades, dudas...
Y desde ese momento, puedo ir ayudándole. Poco a poco...
Muchos que he visto en mi despacho, han huido de consultas psicológicas, donde se sentían incómodos ante un terapeuta que les observa e interroga.
Mi método consiste en ayudarles, sin preguntarles.
Es un fluir. Un trabajar, estudiando su modo de manejarse y de resolver problemas a diario...
En este discurrir, va confiando en mí. Me deja ver sus miedos, inseguridadades, dudas...
Y desde ese momento, puedo ir ayudándole. Poco a poco...
sábado, 2 de abril de 2016
VERANO PARA LOS NIÑOS
Las vacaciones no son para aprender, sino para no olvidar. Esta es la frase que digo a los padres de mi tutoría el día de la entrega de notas de final de curso, cuando sus hijos empiezan las vacaciones de verano. Se trata de una cita que gusta mucho a los padres porque creo que incluye un objetivo muy claro de cómo deberían enfocar el estudio de sus hijos durante el verano. Soy consciente de que las recomendaciones de este artículo no servirán o no gustarán a todos, pero son consejos basados en mi experiencia docente y en multitud de entrevistas con las familias.
Imagen extraída de Shutterstock
10 Consejos sobre cómo estudiar durante el período de vacaciones.
1. Planificación horaria. Para mí es la clave para que tus hijos puedan aprovechar las tareas durante el verano. Sin una planificación horaria es muy difícil que se aproveche el tiempo de estudio. Padres e hijos deben pactar conjuntamente cuál será el horario de trabajo durante las vacaciones. Repito. Debe ser un pacto entre padres e hijos, donde cada uno de estos debe asumir su responsabilidad. En este caso recomendaría que se imprimiera el calendario pactado y estuviera expuesto en un lugar visible.
2. Tiempo de estudio. En este caso siempre recomiendo a las familias que las actividades que realizan sus hijos durante el verano sean durante las primeras horas de la mañana, después del desayuno. Es el momento del día en el que están mas frescos, más descansados y el calor es menos intenso. El hecho de realizar las tareas de verano durante las primeras horas de la mañana también sirve para que tus hijos, una vez acabadas las tareas, tengan la sensación de que les queda todo el día por delante. Es importante hacerles ver que la recompensa del estudio al principio de la mañana se transforma en libertad durante el resto del día.
3. Días de estudio. El verano sirve para recordar pero, por supuesto, también sirve para descansar y desconectar del curso escolar. De ahí que te recomiende que los días de estudio se concentren de lunes a jueves e insistiendo siempre en que el horario sea de mañana. Con esta decisión se juega también con el hecho de que tus hijos tendrán nuevamente la sensación de que tienen un fin de semana muy largo por delante. Estos tres días de descanso favorecerán que cuando se vuelvan a reincorporar el lunes a sus tareas, las afronten de otra manera, ya que habrán sido capaces de desconectar.
4. Horas de estudio. Se hace difícil decir cuántas horas de estudio deben realizar tus hijos durante el verano. Sin duda hay que estudiar cada caso y también dependerá de si simplemente hay que repasar algunos contenidos o deben prepararse para algún examen de recuperación. Pero independientemente del perfil que se tenga, lo que recomiendo a las familias es que no conviertan el estudio durante el verano en un castigo, sino en una oportunidad. Hay que hacerles ver tus a hijos que el verano es una magnífica ocasión para afianzar aquellos contenidos que no se han asimilado totalmente durante el curso ordinario. En todo caso, en niños y adolescentes mi consejo es que no se superen los 90 minutos de estudio, y con un breve descanso de unos diez minutos, por ejemplo. Siempre he sido partidario de apostar por la calidad en lugar de la cantidad.
5. Lugar de estudio. En función de si tu hijo debe recuperar o no alguna asignatura durante el verano, suelo recomendar que las tareas de verano se realicen en dos espacios distintos, siempre que sea posible:
- Espacio común (p.e. comedor, cocina). En este espacio recomiendo que se lleven a cabo tareas o actividades más mecánicas o procedimentales como cuadernos de verano, cuadernos de recuperación, lectura de libros, etc. Al ser un espacio común, tus hijos pueden contar con tu ayuda en el caso de que tengan alguna duda. También, es importante evitar la rigidez que implica el estudio durante el curso escolar.
- Espacio privado (p.e. dormitorio). Este espacio sólo lo recomendaría en el caso de que tus hijos deban preparar algún examen de recuperación. En este sentido es fundamental que estén libres de distracciones y puedan concentrarse en el estudio, la comprensión, la memorización, la revisión de contenidos etc.
6. Clases de repaso. No entraré a valorar la conveniencia o no de las clases de repaso durante el verano. Se trata de una opción personal de cada familia. Pero sí creo que hay algo que debes tener muy en cuenta a la hora de contar con un profesor de repaso para tus hijos. Para sacar el máximo rendimiento a una clase con un profesor de apoyo, es fundamental que en esas clases tus hijos no elaboren los cuadernos de verano o los cuadernos de recuperación. Estas actividades deben hacerse en casa y de forma individual con el material de que disponen tus hijos. Las clases de repaso deben servir para aclarar las dudas que tus hijos no han sabido solucionar por sí mismos de forma individual. En ese momento sí que es tremendamente útil un profesor de apoyo. He dado clases de repaso durante más de 18 años y creo que es la mejor manera de que se aproveche la inversión que un profesor de repaso supone para ti.
7. Recuperación de asignaturas pendientes. En el caso de que tu hijo tenga que recuperar alguna asignatura durante el verano es importante que divida el verano en dos partes muy diferenciadas:
- Primera parte del verano (p.e. julio). Durante esta primera parte del verano recomiendo a las familias que se realicen los cuadernos de recuperación de las asignaturas. Y se lo recomiendo porque se trata de un tipo de actividad mucho más mecánica y más fácil de llevar a cabo que el estudio para un examen de recuperación. Durante esta primera parte el alumno va cogiendo un ritmo de trabajo constante y una rutina. También es un momento perfecto para ir realizando esquemas, resúmenes, glosarios de conceptos, etc.
- Segunda parte del verano (p.e. agosto). La segunda parte del verano debe estar destinada a la preparación del examen. Tus hijos ya llevarán unas semanas con una rutina de trabajo y no les será tan difícil afrontar la preparación de dicho examen de recuperación. En el caso de que deban leer alguna lectura obligatoria, también recomiendo que se deje para las últimas semanas, ya que así tus hijos tendrán más reciente el contenido de dicho libro.
A modo de conclusión. Estudiar para no olvidar.
Hay que convertir el verano en una oportunidad. Hay que convertir el verano en un momento para que tus hijos consoliden los contenidos del curso escolar. ¿Por qué? Pues para que puedan afrontar con las mayores garantías el próximo curso académico. De lo que se trata es de que, aunque realicen tareas durante todo el verano, tengan la sensación al finalizar el verano de que han tenido tiempo para ellos, que han podido descansar, que han podido disfrutar plenamente de un verano que no volverá
Veraneando /desaprendiendo
Las vacaciones plantean el dilema si apelar a los clásicos cuadernos de actividades o dejar descansar a los pequeños para quitarse de la cabeza las obligaciones escolares
Algunos informes destacan que en estos dos meses de estío se puede perder el equivalente un mes entero de conocimientos
Pedagogos y expertos recomiendan dedicar al menos media hora al día a actividades más o menos académicas
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